Si señores, soy disléxico…¿Y qué pasa?

20/03/2015

Si señores, soy disléxico…¿Y qué pasa?

Nací disléxico e hiperactivo, y probablemente también con déficit de atención. Hace 48 años (que son los que tengo) eso era igual a ser tonto (…”su hijo no sabe leer ni escribir”…) y un coñazo (incordio) de chaval. Eran conductas infantiles fuera de lo normal que no estaban tipificadas.

Para mi madre fue duro. Tener un trasto así no era cosa fácil  (8 escuelas en 13 años).  

“¡Donés fuera de clase!”. La de veces que escuché esa frase. No es que fuera tonto, ¡es que era disléxico joder!. Me costaba leer y escribir. Eso me inquietaba y hacía que me sintiera muy inseguro, lo que expresaba en forma de rebeldía ante todo y todos. Me aburría mucho en clase. Pasaba gran parte del día pensando en las musarañas. Me gustaban las mates, la gimnasia, el dibujo, la música…Y no culpo a los profesores, ¡pobres!. Ellos tampoco sabían muy bien lo que me pasaba ni que hacer conmigo.

Total, que a pesar de todo prosperé. Acabe el primer ciclo,  que entonces se llamaba EGB, el BUP, el COU, la selectividad y finalmente me licencié en la Facultad de Economía de la Universidad Central de Barcelona (siempre presentando mi certificado médico conforme era disléxico, claro. Sino, me suspendían por las faltas de ortografía).

¿Porqué cuento todo esto?. Porque ahora ya hay mucha más información al respecto. A pesar de la creencia general, la dislexia no es una enfermedad. Los papás de ahora se gastan mucho dinero en pedagogos de todo tipo, pensando de que sus  hijos están enfermos…pero no lo están. ¡Y que nadie les haga creer lo contrario!.

Soy Pau Donés Cirera, disléxico, hiperactivo, economista y músico . En la vida he prosperado sin grandes problemas a pesar de mis peculiaridades., incluso más  que algunos de mis compañeros de colegio más aventajados. Si eres disléxico, o tienes un hijo que lo es, tranquilo. No pasa nada. De hecho, gracias a eso he desarrollado una tremenda capacidad para leer entre líneas, un nivel de intuición por encima de lo común, y sobretodo, un gran talento para observar y expresar mis cosas de una forma también muy peculiar placentera: escribiendo canciones.

En resumen, leo y escribo fatal. En vez de subirme a la lámpara del comedor de casa me subo a los escenarios. Pero soy bueno en las matemáticas, en los deportes, y en las artes plásticas en general. Gracias a la dislexia he adquirido un buen nivel de inteligencia emocional  y, en general, en la vida me ha ido igual de bien que los rubios, los que llevan gafas, los patosos, los altos, las niñas, los que saben escribir a máquina, los que no saben, los que hablan francés, los que no saben nadar,…O sea, como cualquiera que tenga una particularidad natural (que no especial).